Empiecen por hablar con él o ella
El cuidado funciona mejor cuando el adulto mayor participa en las decisiones. Pregunten qué le preocupa, qué ayuda quiere y qué prefiere seguir haciendo solo. La tecnología debe acompañar, no vigilar.
Repartan las tareas
Cuando todo recae en una persona, llega el agotamiento. Definan quién acompaña a las citas médicas, quién compra los medicamentos, quién llama cada día y quién maneja los pagos. Un grupo con información compartida evita que todos pregunten lo mismo.
Tengan la información a mano
- Lista de medicamentos y dosis.
- Diagnósticos, alergias y datos de la EPS.
- Contactos del médico, un vecino de confianza y la portería o administración.
- Copia del documento de identidad y del carné de salud.
Señales de alerta
En llamadas o visitas, pon atención a cambios que el adulto mayor puede no mencionar:
- Pérdida de peso o nevera vacía.
- Medicamentos sin tomar o acumulados.
- Moretones que podrían indicar caídas.
- Correspondencia o facturas sin abrir.
- Confusión con fechas, preguntas repetidas o desorientación en lugares conocidos.
- Aislamiento: dejó de salir o de hablar con amigos.
Una rutina de contacto
Una llamada a la misma hora da estructura al día y permite notar cambios en la voz o el ánimo. Las videollamadas ayudan a ver cómo está la casa y cómo luce la persona.
Tecnología que ayuda
Recda reúne en una sola app lo que la familia necesita saber: si tomó sus medicamentos, cómo están su presión y oxígeno, si salió de una zona segura y, si algo pasa, un botón de ayuda que avisa a la red familiar. Todos ven el mismo reporte diario.